Hay días en los que me siento especialmente furiosa. Días en lo que correría con mis espada hacia lugares inhabitados para descargar mi ira contra el vacío, contra su vacío.
Son esos días en los que decidí mandar de vuelta el mensajero que me enviaron. Pero cuando el mensajero llega a su destino no le reciben, como si no reconocieran que es suyo, que nació y creció en su reino. Y el mensajero se queda en las puertas de su antiguo reino, repudiado.
Repudiada.
Enajenada.
Estúpida.
Infantil.
7 comentarios:
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Y deje la catana, mujer.
hahahahahaha!!!
q bueno martin, un 10!!!
ya se ma paso el cabreo, creo q exagere mis reacciones ese dia (cosas de hormonas, ya sabes)
y hay días exterminadores,aniquiladores, en los que te encuentras de bruces con tu alma y no puedes agazaparte, días extraños que rompen espejos y confabulan conspiraciones,en los que el vigilante de tus miserias se relaja y busca agujeros negros...
pero por suerte éstos son los menos
gracias por existir para mí
eternamente,si es que la eternidad cuenta para tí
hay días estremecedores en los que te encuentras de bruces con tu alma
días extraños en los que el guardián de tus miserias se relaja mientras a tí te ahogan las palabras no dichas,pero deseadas
por suerte,éstos son los menos
gracias por existir para mí
para la eternidad,si es ésta
tiene importancia para tí
las hormonas... esas grandes desconocidas..
me parto contigo martin!
como me dijo un medico coleguita un dia hormonal:
"desde luego...donde hay hormona no manda neurona"
q gran verdad!
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